Book Description

About the Author Dave Pelzer travels throughout the nation promoting inspiration and resilience. His unique accomplishments have garnered personal commendations from Presidents Reagan and Bush. In 1993 Pelzer was chosen as one of the Ten Outstanding Young Americans (TOYA), and in 1994 was the only American to receive The Outstanding Young Persons of the World (TOYP) award. He was also a torchbearer for the Centennial Olympic Games. Read more Excerpt. ? Reprinted by permission. All rights reserved. 1El rescatepage? blank ? 5 de marzo de 1973, Daly City, California. Estoy retrasado. Tengo que acabar de fregar los platos a tiempo, si no, no hay desayuno; y como anoche no cen?, he de comer algo. Mam? corre por la casa chillando a mis hermanos. Oigo sus pasos pesados por el pasillo dirigi?ndose hacia la cocina. Vuelvo a meter las manos en el agua hirviendo de enjuagar. Demasiado tarde. Me coge con las manos fuera del agua.?PLAF! Mam? me pega en la cara y me tiro al suelo. S? que no debo quedarme de pie y aguantar el golpe. He aprendido, a base de cometer errores, que lo considera un desaf?o, lo que significa m?s golpes o, peor a?n, quedarme sin comer. Recupero mi postura anterior y evito su mirada mientras me grita al o?do.Act?o con timidez, asintiendo a sus amenazas. 'Por favor, ?me digo?, d?jame comer. Vuelve a pegarme, pero tengo que comer.' Otra bofetada hace que me golpee la cabeza contra el mostrador de azulejos. L?grimas de falsa derrota me corren por las mejillas mientras sale de manera precipitada de la cocina aparentemente satisfecha consigo misma. Despu?s de contar sus pasos para asegurarme de que se ha ido, dejo escapar un suspiro de alivio. Mi actuaci?n ha dado resultado. Mam? puede pegarme todo lo que quiera, pero no he dejado que me arrebate mi voluntad de sobrevivir.Acabo de fregar los platos y, despu?s, hago el resto de mis tareas dom?sticas. Como recompensa, recibo el desayuno: las sobras de un taz?n de cereales de uno de mis hermanos. Hoy son Lucky Charms. S?lo quedan unos trocitos de cereales en medio taz?n de leche, pero los engullo lo m?s de prisa posible, antes de que mam? cambie de opini?n. Ya lo ha hecho otras veces. Le gusta usar la comida como arma. Sabe que no debe tirar las sobras al cubo de la basura. Sabe que despu?s las cojo. Mam? se sabe la mayor?a de mis trucos.Unos minutos m?s tarde estoy en la vieja ranchera de la familia. Como voy tan retrasado con las tareas dom?sticas, me tienen que llevar en carro al colegio. Normalmente suelo ir corriendo y llego justo cuando comienza la clase, sin tiempo para robar comida de las fiambreras de otros ni?os. Mam? deja salir a mi hermano mayor, pero a m? me retiene para sermonearme sobre lo que piensa hacer conmigo ma?ana. Va a llevarme a casa de su hermano. Dice que el t?o Dan 'se ocupar? de m?'. Lo dice de manera amenazadora. La miro asustado, como si de verdad tuviera miedo. Pero s? que, aunque mi t?o es un hombre duro, no me tratar? como lo hace mam?.Antes de que la ranchera se pare del todo, salgo corriendo. Mam? me grita para que vuelva. He olvidado mi fiambrera abollada que, en los tres ?ltimos a?os, siempre ha tenido el mismo men?: dos emparedados de mantequilla de man? y unos bastoncillos de zanahoria. Antes de que vuelva a salir disparado del carro, me dice:?Diles . . . Diles que has tropezado con la puerta.Despu?s, con una voz que rara vez emplea conmigo, me vuelve a decir:?Que pases un buen d?a.Le miro los ojos rojos e hinchados. Todav?a le dura la resaca de la borrachera de anoche. Su pelo, en otro tiempo hermoso y brillante, le cae ahora en mechones consumidos. Como de costumbre, no lleva maquillaje. Est? gorda y lo sabe. En general, ?ste se ha vuelto el aspecto t?pico de mam?.Como llego tan tarde, tengo que presentarme en la oficina de la administraci?n. La secretaria de pelo gris me saluda con una sonrisa. Unos instantes despu?s sale la enfermera de la escuela y me conduce a su despacho, donde llevamos a cabo la rutina habitual. Primero, me examina la cara y los brazos.??Qu? es eso que tienes encima del ojo? ?me pregunta.Asiento d?cilmente:?He tropezado con la puerta del vest?bulo . . . sin querer.Vuelve a sonre?r y coge una tablilla con sujetapapeles de encima de un armario. Pasa una o dos hojas y se inclina para ense??rmelas.?Mira ?se?ala la hoja?, eso fue lo que dijiste el lunes pasado. ?Te acuerdas?R?pidamente cambio de historia.?Estaba jugando al b?isbol y me di con el bate. Fue un accidente.Accidente. Siempre debo decir eso. Pero la enfermera no se deja enga?ar. Me rega?a para que le diga la verdad. Siempre termino por derrumbarme y confesar, aunque creo que deber?a proteger a mi madre.La enfermera me dice que no me preocupe y me pide que me desnude. Hacemos lo mismo desde el a?o pasado, as? que la obedezco inmediatamente. Mi camisa de manga larga tiene m?s agujeros que un queso de Gruy?re. Es la misma que llevo desde hace dos a?os. Mam? me obliga a pon?rmela todos los d?as para humillarme. Los pantalones est?n pr?cticamente en el mismo estado y los zapatos tienen agujeros en la zona de los dedos. Puedo sacar el dedo gordo por uno de ellos. Mientras me quedo en ropa interior, la enfermera anota las diversas marcas y moretones en la tablilla. Cuenta las marcas en forma de corte que tengo en la cara y busca alguna que le haya pasado desapercibida anteriormente. Es muy concienzuda. A continuaci?n, me abre la boca para mirarme los dientes, que est?n mellados por hab?rmelos golpeado contra el mostrador de la cocina. Escribe varias notas m?s en el papel. Mientras contin?a examin?ndome, se detiene en la antigua cicatriz del est?mago.?Y aqu? ?dice mientras traga saliva?, ?es donde te clav? el cuchillo??S? ?contesto.'?Oh, no! ?me digo?, me he equivocado . . . otra vez.' La enfermera debe de haber visto la preocupaci?n en mis ojos. Deja la tablilla y me abraza. '?Dios m?o! ?me digo?, es tan c?lida'. No quiero soltarla. Quiero quedarme en sus brazos para siempre. Cierro los ojos con fuerza, y durante algunos segundos, no existe nada m?s. Me acaricia la cabeza. Me estremezco por el moret?n hinchado que mam? me ha hecho esta ma?ana. La enfermera deshace el abrazo y sale de la habitaci?n. Me apresuro a vestirme. Ella no lo sabe, pero todo lo hago lo m?s r?pidamente posible.La enfermera vuelve al cabo de unos minutos con el se?or Hansen, el director, y dos de mis profesores, la se?orita Woods y el se?or Ziegler. El se?or Hansen me conoce muy bien. He estado en su despacho m?s veces que cualquier otro ni?o de la escuela. Mira la hoja mientras la enfermera le informa de lo que ha encontrado. Me levanta la barbilla. Me da miedo mirarlo a los ojos, que es un h?bito que he adquirido al tratar de enfrentarme a mi madre. Pero tambi?n es porque no quiero contarle nada. Una vez, hace aproximadamente un a?o, llam? a mi madre para preguntarle por mis moretones. Por aquel entonces no ten?a ni idea de lo que suced?a en realidad. S?lo sab?a que yo era un ni?o con problemas que robaba comida. Cuando volv? al colegio al d?a siguiente, vio los resultados de las palizas de mam?. Nunca volvi? a llamarla.El se?or Hansen grita que ya est? harto. Casi me muero del susto. 'Va a volver a llamar a mam?', me grita el cerebro. Me derrumbo y lloro. Me tiembla el cuerpo como si fuera gelatina y balbuceo como un beb?, rogando al se?or Hansen que no llame a mam?.??Por favor! ?digo lloriqueando?, hoy no. ?No se da cuenta de que es viernes?El se?or Hansen me asegura que no va a llamar a mam? y me env?a a clase. Como es muy tarde para ir al aula de la reuni?n matinal, corro directamente a la clase de ingl?s de la se?ora Woodworth. Hoy tenemos una prueba de ortograf?a de todos los estados y sus capitales. No estoy preparado. Normalmente soy muy buen alumno, pero en los ?ltimos meses he abandonado todo en mi vida, incluyendo el evadirme de mi desgracia a trav?s del trabajo escolar.Cuando entro en el aula, los alumnos se tapan la nariz y me silban. La profesora sustituta, una mujer joven, agita las manos delante de la cara. No est? acostumbrada a mi olor. Me entrega el examen guardando las distancias, pero antes de que me siente en la parte de atr?s de la clase, al lado de una ventana abierta, me vuelven a llamar al despacho del director. Toda el aula suelta un alarido, el rechazo del quinto grado.Corro a la oficina de la administraci?n y llego en un segundo. Me duele la garganta y todav?a me arde por el 'juego' que mam? jug? ayer contra m?. La secretaria me conduce a la sala de profesores. Cuando abre la puerta, mis ojos tardan un momento en habituarse. Frente a m?, sentados en torno a una mesa, est?n mi tutor, el se?or Ziegler, mi profesora de matem?ticas, la se?orita Moss, la enfermera de la escuela, el se?or Hansen y un polic?a. Los pies se me congelan. No s? si salir corriendo o esperar a que el techo se derrumbe. El se?or Hansen me hace una se?a para que entre, mientras la secretaria cierra la puerta tras de m?. Me siento a la cabecera de la mesa y explico que no he robado nada . . . hoy. Una sonrisa hace que desaparezca el entrecejo fruncido que todos muestran. No tengo idea que van a arriesgar sus empleos para salvarme.El polic?a explica por qu? lo ha llamado el se?or Hansen. Siento c?mo me voy encogiendo en la silla. El agente me pide que le hable de mam?. Digo que no con la cabeza. Demasiadas personas conocen ya el secreto y s? que ella lo va a descubrir. Una voz suave me tranquiliza. Creo que es la se?orita Moss. Me dice que todo est? bien. Respiro profundamente, me retuerzo las manos y, de mala gana, les hablo de mam? y de m?. Despu?s, la enfermera me dice que me levante y ense?a al polic?a la cicatriz que tengo en el pecho. Sin dudarlo, les digo que fue un accidente, que es lo que fue: mam? no ten?a intenci?n de clavarme el cuchillo. Lloro mientras lo confieso todo y les digo que mam? me castiga porque soy malo.??Ojal? me dejaran en paz! Me siento tan falso en mi interior. S? que, despu?s de todos estos a?os, nadie puede hacer nada.Unos minutos despu?s me dejan salir y sentarme en el despacho contiguo. Al ir a cerrar la puerta, los adultos me miran y aprueban con la cabeza. Me muevo inquieto en la silla mientras observo a la secretaria escribir a m?quina. Me parece que ha pasado una eternidad cuando el se?or Hansen me llama para que vuelva a entrar. La se?orita Woods y el se?or Ziegler salen de la sala de profesores. Parecen contentos y, a la vez, preocupados. La se?orita Woods se arrodilla y me rodea con sus brazos. Creo que nunca olvidar? el aroma del perfume que lleva en el pelo. Me suelta y se da la vuelta para que no la vea llorar. Ahora estoy verdaderamente preocupado. El se?or Hansen me da una bandeja de la cafeter?a con la comida. '?Dios m?o! ?Ya es la hora de comer?', me pregunto.Engullo la comida con tanta rapidez que apenas puedo degustarla. Acabo la bandeja en un tiempo r?cord. Poco despu?s vuelve el director con un paquete de galletas y me dice que no coma tan de prisa. No tengo ni idea de lo que pasa. Una de mis suposiciones es que mi padre, que est? separado de mi madre, ha venido por m?. Pero s? que se trata de una fantas?a. El polic?a me pregunta la direcci?n y el n?mero de tel?fono. '?Ya est?! ?me digo?. Es la vuelta al infierno. Va a volver a pegarme.'El polic?a toma m?s notas ante la mirada del se?or Hansen y la enfermera. Poco despu?s cierra su libreta y le dice al se?or Hansen que ya tiene suficiente informaci?n. Miro al director. Tiene la cara cubierta de sudor. Siento que el est?mago comienza a contra?rseme. Quiero ir al servicio y vomitar.El se?or Hansen abre la puerta y veo que todos los profesores ?es la hora de la comida? me miran fijamente. Me siento muy avergonzado. 'Lo saben ?me digo?. Saben la verdad sobre mi madre, la verdad real'. Es muy importante que sepan que no soy un ni?o malo. Deseo tanto gustarles, que me quieran. Me vuelvo hacia el vest?bulo. El se?or Ziegler abraza a la se?orita Woods, que est? llorando. La oigo gemir. Me da otro abrazo y se aleja r?pidamente . El se?or Ziegler me estrecha la mano.?P?rtate bien ?me dice.?S?. Lo intentar? ?es lo ?nico que puedo decir.La enfermera de la escuela est? detr?s del se?or Hansen, en silencio. Todos se despiden de m?. Ahora s? que voy a la c?rcel. 'Bien ?me digo?. Al menos no podr? pegarme si estoy en la c?rcel'.El polic?a y yo salimos, pasamos por delante de la cafeter?a. Veo a algunos ni?os de mi clase jugando al 'bal?n prisionero'. Unos cuantos dejan de jugar. Gritan:??Han pillado a David! ?Han pillado a David!El polic?a me pone la mano en el hombro y me dice que todo est? bien. Mientras nos alejamos en la patrulla de la escuela primaria Thomas Edison, veo a algunos ni?os que parecen desconcertados por mi partida. Antes de marcharme, el se?or Ziegler me ha dicho que contar?a la verdad a los dem?s ni?os, la verdad real. Habr?a dado lo que fuera por estar en clase cuando supieran que no soy tan malo.En pocos minutos llegamos a la comisar?a de polic?a de Daly City. Casi espero que mam? est? all?. No quiero bajarme del coche. El oficial abre la puerta, me coge del codo con suavidad y me lleva a un gran despacho. No hay nadie en la habitaci?n. El agente se sienta en una silla que hay en una esquina, donde escribe a m?quina varios folios. Observo detenidamente al polic?a mientras me como despacio las galletas. Las saboreo el mayor tiempo posible. No s? cu?ndo volver? a comer.Es m?s de la una de la tarde cuando el polic?a acaba con los tr?mites burocr?ticos. Me vuelve a pedir el n?mero de tel?fono.??Para qu?? ?pregunto con voz quejumbrosa.?Tengo que llamarla, David ?me dice con suavidad.??No! ?le ordeno?. M?ndeme de vuelta al colegio. ?Pero es que no lo entiende? No debe saber que lo he contado.Me calma con otra galleta y marca despacio el 7-5-6-2-4-6-0. Veo girar el disco negro del tel?fono al levantarme y acercarme, y fuerzo todo el cuerpo para tratar de o?rlo sonar en el otro extremo. Lo coge mam?. Su voz me asusta. El polic?a me hace se?as para que me aparte y respira profundamente antes de decir:?Se?ora Pelzer. Aqu? el agente Smith del Cuerpo de Polic?a de Daly City. Su hijo David no ir? hoy a casa. Queda bajo la custodia del Departamento Juvenil de San Mateo. Si tiene alguna pregunta, llame all?.Cuelga el tel?fono y me sonr?e.?No ha sido tan dif?cil, ?verdad? ?me pregunta.Pero su mirada me indica que es a s? mismo a quien trata de convencer, no a m?.Despu?s de recorrer varios kil?metros, llegamos a la autopista 280 y nos dirigimos hacia las afueras de Daly City. Miro a mi derecha y veo una se?al que dice: 'La autopista m?s hermosa del mundo'. El oficial sonr?e aliviado cuando salimos de los l?mites de la ciudad.?David Pelzer ?me dice?, eres libre.??Qu?? ?le pregunto, aferr?ndome a mi ?nica fuente de comida?. No lo entiendo. ?No me lleva a la c?rcel?Vuelve a sonre?r y me aprieta el hombro con suavidad.?No, David. No tienes por qu? preocuparte, de verdad. Tu madre nunca te volver? a hacer da?o.Me recuesto en el asiento. El reflejo del sol me da en los ojos. Desv?o la vista de los rayos del sol mientras una l?grima me corre por la mejilla.'?Soy libre?' ?2008. Dave Pelzer. All rights reserved. Reprinted from El Ni?o Sin Nombre. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system or transmitted in any form or by any means, without the written permission of the publisher. Publisher: Health Communications, Inc., 3201 SW 15th Street, Deerfield Beach, FL 33442 Read more

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